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La Organización Internacional del Trabajo y las adicciones

Abatido en el trabajo

En 1996 la Organización Internacional del Trabajo (OIT) editaba un documento titulado Tratamiento de cuestiones relacionadas con el alcohol y las drogas en el lugar de trabajo en el que recomendaba unos derechos y obligaciones de los principales actores del ámbito del trabajo, quienes emplean, el colectivo laboral y los gobiernos.

En sus recomendaciones generales la Organización Internacional del Trabajo plantea la necesidad de “promover la prevención, la reducción y el tratamiento de los problemas relacionados con el consumo de alcohol y otras drogas en el lugar de trabajo” y ofrece pautas sobre cómo realizarlo.

El primer paso es tratar las adicciones como lo que son, una enfermedad. Desde este prisma todo lo demás se desarrolla con mayor normalidad y sin discriminaciones. Pero reconocer las adicciones como una enfermedad no es solo un planteamiento legal, supone un cambio cultural para muchas personas y entornos. Cambio que hemos de favorecer entre todos, para reducir el estigma que pesa sobre quienes tienen problemas adictivos, estigma que dificulta los tratamientos retrasándolos y empeorando los diagnósticos, estigma que dificulta la reintegración socio-laboral.

Se destaca la importancia de la universalidad, en todos “los tipos de empleo, públicos y privados, incluidos los del sector no estructurado” y a todos los niveles de la entidad, “tanto al personal de dirección como a los trabajadores”. Hablamos de generación de salud, luego su aplicación ha de ser universal, como debe de ser el derecho a la salud.

Otro derecho es el de la confidencialidad de todos los datos personales que se puedan manejar en estas acciones, lo que obliga a unos protocolos y una seguridad bien diseñada para cumplir con esa confidencialidad.  “La no discriminación en el empleo a los trabajadores que tienen o tenían un problema de adicción”, es otro derecho recogido en el documento.

La OIT también apela a la colaboración entre “los empleadores y los trabajadores y sus representantes para identificar las condiciones de trabajo que influyen en los problemas adictivos y adoptar medidas de prevención o corrección”. También habla de esa colaboración para “para elaborar, por escrito, una política para la empresa”.

Ese documento tendrá que recoger los protocolos básicos de actuación. Dentro de esos protocolos, la OIT desaconseja los análisis de tóxicos, ya que “plantean problemas de orden moral, ético y jurídico”. Por lo que en caso de realizarse hay que definir cuándo puede ser justo y apropiado realizarlos y concretar las condiciones para su realización. Es fundamental que este tema este consensuado.

Plantea que debe de reconocerse “al empleador la autoridad para sancionar a los trabajadores cuya conducta profesional sea impropia”, sancionando la conducta no la enfermedad; pero aconseja que “es preferible que los remitan a los servicios de asesoramiento, tratamiento y rehabilitación en vez de aplicarles sanciones disciplinarias”.

La OIT destaca la importancia de la estabilidad del puesto de trabajo como un factor importante para facilitar la superación de los problemas y por lo tanto para acceder al asesoramiento y los tratamientos de rehabilitación, a la vez que deberían gozar de las mismas oportunidades de traslado y ascenso profesional que el resto del personal.

Veinticinco años después, la gran mayoría de estas recomendaciones siguen sin estar legisladas. Con el agravante de la incoherencia que existe entre el reconocimiento de las adicciones como enfermedad, en el sistema sanitario y el tratamiento que les da el Estatuto de los Trabajadores en el que son motivo de despido, en lugar de tratarlas como una enfermedad.

Por fortuna cada vez más empresarios, representantes sindicales y profesionales de las adicciones, la seguridad y la salud laboral, trabajan conjuntamente para ir incorporando, poco a poco, pero con encomiable constancia, estos planteamientos al día a día de más entornos de trabajo. Con la mejor estrategia para alcanzar el éxito, el dialogo abierto para alcanzar consensos desde los que seguir trabajando hacia el futuro.

Los beneficios son amplios, salud y bienestar; desde ahí surge un incremento de la producción y de su calidad, lo que mejora la imagen de la entidad. Solo hay que atreverse a empezar. Negar el riesgo no tiene sentido, puesto que se puede mejorar la salud y reducir los problemas respectos de las conductas adictivas en el ámbito del trabajo.

 

Autor: Fernando Ribas de Pina. Asesoramiento Laboral, Proyecto Hombre Valencia.

 

 

 

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21/06/2021